2/7/07

XII. Tema - El amor a Dios (primer y segundo mandamientos)

1. Fe, esperanza y caridad.
2. La virtud de la religión.
3. El nombre del Señor.
4. Aplicaciones prácticas.

1. Fe, esperanza y caridad.
“El primero de los preceptos abarca la fe, la esperanza y la caridad” (2086).
2086 "El primero de los preceptos abarca la fe, la esperanza y la caridad. En efecto, quien dice Dios, dice un ser constante, inmutable, siempre el mismo, fiel, perfectamente justo. De ahí se sigue que nosotros debemos necesariamente aceptar sus Palabras y tener en él una fe y una confianza completas. El es todopoderoso, clemente, infinitamente inclinado a hacer el bien. ¿Quién podría no poner en él todas sus esperanzas? ¿Y quién podrá no amarlo contemplando todos los tesoros de bondad y de ternura que ha derramado en nosotros? De ahí esa fórmula que Dios emplea en la Sagrada Escritura tanto al comienzo como al final de sus preceptos: `Yo soy el Señor'" (Catec. R. 3,2,4).

“Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor (2087).
2087 Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor. S. Pablo habla de la "obediencia de la fe" (Rm 1,5; 16,26) como de la primera obligación. Hace ver en el "desconocimiento de Dios" el principio y la explicación de todas las desviaciones morales (cf Rm 1,18-32). Nuestro deber para con Dios es creer en él y dar testimonio de él.

“El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella” (2088).
2088 El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella. Hay diversas maneras de pecar contra la fe:

La duda voluntaria respecto a la fe descuida o rechaza tener por verdadero lo que Dios ha revelado y que la Iglesia propone creer. La duda involuntaria designa la vacilación en creer, la dificultad de superar las objeciones ligadas a la fe o también la ansiedad suscitada por la oscuridad de ésta. Si es cultivada deliberadamente, la duda puede conducir a la ceguera del espíritu.


Se peca contra la fe cuando hay rechazo total de ella –apostasía-, o negación o duda persistente de algunas verdades que deben creerse –herejía-, menosprecio o rechazo de prestarle asentimiento –incredulidad- (2089),
2089 La incredulidad es la menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento. "Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos" (CIC, can. 751).

o se admiten dudas voluntarias (2088);
2088 El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella. Hay diversas maneras de pecar contra la fe:

La duda voluntaria respecto a la fe descuida o rechaza tener por verdadero lo que Dios ha revelado y que la Iglesia propone creer. La duda involuntaria designa la vacilación en creer, la dificultad de superar las objeciones ligadas a la fe o también la ansiedad suscitada por la oscuridad de ésta. Si es cultivada deliberadamente, la duda puede conducir a la ceguera del espíritu.


también, cuando se rechaza la comunión eclesial –cisma-.

La esperanza es aguardar confiadamente la bendición divina y la bienaventuranza eterna y el auxilio de Dios para alcanzarla (2090).
2090 Cuando Dios se revela y llama al hombre, éste no puede responder plenamente al amor divino por sus propias fuerzas. Debe esperar que Dios le dé la capacidad de devolverle el amor y de obrar conforme a los mandamientos de la caridad. La esperanza es la espera confiada de la bendición divina y de la visión bienaventurada de Dios; es también el temor de ofender al amor de Dios y de provocar el castigo.

Se oponen a ella los pecados de desesperación, cuando se deja de esperar esos bienes (2091);
2091 El primer mandamiento condena también los pecados contra la esperanza, que son la desesperación y la presunción:

Por la desesperación, el hombre deja de esperar de Dios su salvación personal, el auxilio para llegar a ella o el perdón de sus pecados. Se opone a la Bondad de Dios, a su Justicia -porque el Señor es fiel a sus promesas- y a su Misericordia.


y la presunción, cuando “o bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divina (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito)” (2092).
2092 Hay dos clases de presunción. O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la mise ricordia divinas, (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito).

“El primer mandamiento nos ordena amar a Dios sobre todas las cosas y a las criaturas por Él y a causa de Él” (2093):
2093 La fe en el amor de Dios encierra la llamada y la obligación de responder a la caridad divina mediante un amor sincero. El primer mandamiento nos ordena amar a Dios sobre todas las criaturas por él y a causa de él (cf Dt 6,4-5).

es la caridad. Se oponen a ella: su desprecio o descuido –indiferencia-; la ingratitud; la vacilación o negligencia en responder al amor divino –tibieza-; el rechazo del gozo que viene de Dios y el sentir horror por el bien divino —la pereza espiritual—; y el peor de los pecados: el odio a Dios (2094).
2094 Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios. La indiferencia olvida o rechaza la consideración de la caridad divina; desprecia su acción preveniente y niega su fuerza. La ingratitud omite o se niega a reconocer la caridad divina y devolverle amor por amor. La tibieza es una vacilación o una negligencia en responder al amor divino; puede implicar la negación a entregarse al movimiento de la caridad. La acedia o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino. El odio de Dios tiene su origen en el orgullo; se opone al amor de Dios cuya bondad niega y lo maldice porque condena el pecado e inflige penas.


2. La virtud de la religión.
Consiste en reconocer la supremacía de Dios y “dar a Dios lo que en toda justicia le debemos en cuanto criaturas” (2095).
2095 Las virtudes teologales, fe esperanza y caridad, informan y vivifican las virtudes morales. Así, la caridad nos lleva a dar a Dios lo que en toda justicia le debemos en cuanto criaturas. La virtud de la religión nos dispone a esta actitud.

Nos obliga así a dar culto a Dios, que incluye varios aspectos, entre los que figuran:

- Adoración: es “reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso” (2097).
2097 Adorar a Dios es reconocer, en el respeto y la sumisión absoluta, la "nada de la criatura", que sólo existe por Dios. Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo, como hace María en el Magnificat, confesando con gratitud que él ha hecho grandes cosas y que su nombre es santo (cf Lc 1,46-49). La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo.

- Oración: elevación del espíritu hacia Dios. Los evangelios están llenos de invitaciones a la oración.

- Sacrificio: obra que se hace con el fin de unirnos a Dios. Sobre todo importa el sacrificio hecho con participación interior o en relación con el amor al prójimo. El sacrificio exterior debe ser expresión del sacrificio espiritual. El único sacrificio perfecto es el de Cristo en la Cruz (2099-2100).
2099 Es justo ofrecer a Dios sacrificios en señal de adoración y de gratitud, de súplica y de comunión: "Toda acción realizada para unirse a Dios en la santa comunión y poder ser bienaventurado es un verdadero sacrificio" (S. Agustín, civ. 10,6).

2100 El sacrificio exterior, para ser auténtico, debe ser expresión del sacrificio espiritual. "Mi sacrificio es un espíritu contrito..." (Sal 51,19). Los profetas de la Antigua Alianza denunciaron con frecuencia los sacrificios hechos sin participación interior (cf Am 5,21-25) o sin amor al prójimo (cf Is 1,10-20). Jesús recuerda las palabras del profeta Oseas: "Misericordia quiero, que no sacrificio" (Mt 9,13; 12,7; cf Os 6,6). El único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación (cf Hb 9,13-14). Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios.


- Culto: personal y colectivo. Se expone más detalladamente al tratar del tercer mandamiento.

Existe el deber social de la religión y el derecho a la libertad religiosa. Todos los hombres están obligados a buscar la verdad. Este deber se desprende de la misma naturaleza humana. El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado.

Por otra parte, existe un derecho a la libertad religiosa, que no es ni la permisión moral de adherirse al error, ni un supuesto derecho al error, sino un derecho natural de la persona humana a la libertad civil en materia religiosa por parte del poder político.

Se oponen a la virtud de la religión los pecados de idolatría (divinizar lo que no es Dios (2113),
2113 La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. "No podéis servir a Dios y al dinero", dice Jesús (Mt 6,24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a "la Bestia" (cf Ap 13-14), negándose incluso a simular su culto. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina (cf Gál 5,20; Ef 5,5).

politeísmo (adorar a varios dioses) (2112),
2112 El primer mandamiento condena el politeísmo. Exige al hombre no creer en más dioses que el Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades que al único Dios. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los "ídolos, oro y plata, obra de las manos de los hombres", que "tienen boca y no hablan, ojos y no ven..." Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: "Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza" (Sal 115,4-5.8; cf. Is 44,9-20; Jr 10,1-16; Dn 14,1-30; Ba 6; Sb 13,1-15,19). Dios, por el contrario, es el "Dios vivo" (Jos 3,10; Sal 42,3, etc.), que da vida e interviene en la historia.

adivinación en sus diversas formas (por negación o rechazo, al menos implícito, de la providencia divina) (215-216),
2115 Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en ponerse con confianza en las manos de la Providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto. La imprevisión puede constituir una falta de responsabilidad.

2116 Todas las formas de adivinación deben rechazarse: recurso a Satán o a los demonios, evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone "desvelan" el porvenir (cf Dt 18,10; Jr 29,8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a "mediums" encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de conciliarse los poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.


las prácticas de magia y hechicería (se pretende dominar poderes sobrenaturales), espiritismo (trato con espíritus por motivos de adivinación o magia) (2117),
2117 Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar las potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud-, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro o recurren a la intervención de los demonios. El llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legitima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.

la tentación a Dios (poner a prueba la bondad o la omnipotencia divina) (2119),
2119 La acción de tentar a Dios consiste en poner a prueba de palabra o de obra, su bondad y su omnipotencia. Así es como Satán quería conseguir de Jesús que se arrojara del templo y obligase a Dios, mediante este gesto, a actuar (cf Lc 4,9). Jesús le opone las palabras de Dios: "No tentarás al Señor tu Dios" (Dt 6,16). El reto que contiene este tentar a Dios lesiona el respeto y la confianza que debemos a nuestro Criador y Señor. Incluye siempre una duda respecto a su amor, su providencia y su poder (cf 1 Co 10.9; Ex 17,2-7; Sal 95,9).

el sacrilegio (profanar o tratar indignamente cosas sagradas, especialmente los sacramentos) (2120),
2120 El sacrilegio consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente sustancialmente (cf CIC, can. 1367; 1376).

y la simonía (compra o venta de cosas espirituales) (2121).
2121 La simonía (cf Hch 8,9-24) se define como la compra o venta de las realidades espirituales. A Simón el mago, que quiso comprar el poder espiritual del que vio dotado a los apóstoles, Pedro le responde: "Vaya tu dinero a la perdición y tú con él, pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero" (Hch 8,20). Así se ajustaba a las palabras de Jesús: "Gratis lo recibisteis, dadlo gratis" (Mt 10,8; cf Is 55,1). Es imposible apropiarse de los bienes espirituales y de comportarse respecto a ellos como un posesor o un dueño, pues tienen su fuente en Dios. Sólo es posible recibirlos gratuitamente de él.

También, “en cuanto rechaza o niega la existencia de Dios, el ateísmo es un pecado contra la virtud de la religión” (2125).
2125 En cuanto rechaza o niega la existencia de Dios, el ateísmo es un pecado contra la virtud de la religión (cf Rm 1,18). La imputabilidad de esta falta puede quedar ampliamente disminuida en virtud de las intenciones y de las circunstancias. En la génesis y difusión del ateísmo "puede corresponder a los creyentes una parte no pequeña; en cuanto que, por descuido en la educación para la fe, por una exposición falsificada de la doctrina, o también por los defectos de su vida religiosa, moral y social, puede decirse que han velado el verdadero rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo" (GS 19,3).

El juicio moral sobre el agnosticismo (no pronunciarse sobre la existencia de Dios o aceptarla, pero como la de un ser lejano del que no se sabe nada y que no puede revelarse), es algo más matizado: “el agnosticismo puede contener a veces una cierta búsqueda de Dios, pero puede igualmente representar un indiferentismo, una huida ante la cuestión última de la existencia, y una pereza de la conciencia moral. El agnosticismo equivale con mucha frecuencia a un ateísmo práctico” (2128).
2128 El agnosticismo puede a veces contener una cierta búsqueda de Dios, pero puede igualmente representar un indiferentismo, una huida ante la cuestión última de la existencia, y una pereza de la conciencia moral. El agnosticismo equivale con mucha frecuencia a un ateísmo práctico.

3. El nombre del Señor.
“El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor. Pertenece, como el primer mandamiento, a la virtud de la religión y regula más particularmente el uso de nuestra palabra en las cosas santas” (2142).
2142 El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor. Pertenece, como el primer mandamiento, a la virtud de la religión y regula más particularmente nuestro uso de la palabra en las cosas santas.

“El fiel cristiano debe dar testimonio del nombre del Señor confesando su fe sin ceder al temor” (2145),
2145 El fiel debe dar testimonio del nombre del Señor confesando su fe sin ceder al temor (cf Mt 10,32; 1 Tm 6,12). La predicación y la catequesis deben estar penetradas de adoración y de respeto hacia el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

manifestando adoración y respeto. Se oponen la blasfemia (proferir contra Dios o lo sagrado palabras de odio, reproche, desafío, injuria, o recurrir al nombre de Dios para justificar maldades) (2148),
2148 La blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Consiste en proferir contra Dios -interior o exteriormente- palabras de odio, de reproche, de desafío; en decir mal de Dios, faltarle al respeto, en las conversaciones, usar mal el nombre de Dios. Santiago reprueba a "los que blasfeman el hermoso Nombre (de Jesús) que ha sido invocado sobre ellos" (St 2,7). La prohibición de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte. El abuso del nombre de Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de la religión.

el uso mágico del nombre de Dios (2149),
2149 Los palabras mal sonantes que emplean el nombre de Dios sin intención de blasfemar son una falta de respeto hacia el Señor. El segundo mandamiento prohíbe también el uso mágico del Nombre divino.

El Nombre de Dios es grande donde se pronuncia con el respeto debido a su grandeza y a su Majestad. El nombre de Dios es santo donde se le nombra con veneración y el temor de ofenderle (S. Agustín, serm. Dom. 2, 45, 19).


y el abuso (todo uso inconveniente) del nombre de Dios (2146).
2146 El segundo mandamiento prohíbe usar mal del nombre de Dios, es decir, todo uso inconveniente del nombre de Dios, de Jesucristo, de la Virgen María y de todos los santos.

También es pecado contra este mandamiento no cumplir las promesas a Dios o los juramentos –en este caso, también su falsedad-, o hacerlos prometiendo algo reprobable (se pretende hacer a Dios cómplice del pecado) y, en menor medida, el juramento irresponsable o por trivialidades (2101-2102, 2150-2155).
2101 En varias circunstancias, el cristiano es llamado a hacer promesas a Dios. El bautismo y la confirmación, el matrimonio y la ordenación las exigen siempre. Por devoción personal, el cristiano puede también prometer a Dios un acto, una oración, una limosna, una peregrinación, etc. La fidelidad a las promesas hechas a Dios es una manifestación de respeto a la Majestad divina y de amor hacia el Dios fiel.

2102 "El voto, es decir, la promesa deliberada y libre hecha a Dios acerca de un bien posible y mejor, debe cumplirse por la virtud de la religión" (CIC can.1191,1). El voto es un acto de devoción en el que el cristiano se consagra a Dios o le promete una obra buena. Por tanto, mediante el cumplimiento de sus votos da a Dios lo que le ha prometido y consagrado. Los Hechos de los Apóstoles nos muestran a S. Pablo cumpliendo los votos que había hecho (cf Hch 18,18; 21,23-24).

2150 El segundo mandamiento prohibe el falso juramento . Hacer juramento o jurar es tomar a Dios por testigo de lo que se afirma. Es invocar la veracidad divina como garantía de la propia veracidad. El juramento compromete el nombre del Señor. "Al Señor tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás" (Dt 6,13).

2151 La reprobación del falso juramento es un deber para con Dios. Como Creador y Señor, Dios es la norma de toda verdad. La palabra humana está de acuerdo o en oposición con Dios que es la Verdad misma. El juramento, cuando es veraz y legítimo, pone de relieve la relación de la palabra humana con la verdad de Dios. El falso juramento invoca a Dios como testigo de una mentira.

2152 Es perjuro quien, bajo juramento, hace una promesa que no tiene intención de cumplir, o que, después de haber prometido bajo juramento, no la mantiene. El perjurio constituye una grave falta de respeto hacia el Señor de toda palabra. Comprometerse mediante juramento a hacer una obra mala es contrario a la santidad del Nombre divino.

2153 Jesús expuso el segundo mandamiento en el Sermón de la Montaña: "Habéis oído que se dijo a los antepasados: `no perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos'. Pues yo os digo que no juréis en modo alguno...sea vuestro lenguaje: `sí, sí'; `no, no': que lo que pasa de aquí viene del Maligno" (Mt 5,33-34. 37; cf St 5,12). Jesús enseña que todo juramento implica una referencia a Dios y que la presencia de Dios y de su verdad debe ser honrada en toda palabra. La discreción del recurso a Dios al hablar va unida a la atención respetuosa a su presencia, reconocida o menospreciada en cada una de nuestras afirmaciones.

2154 Siguiendo a San Pablo (cf 2 Co 1,23; Gal 1,20), la tradición de la Iglesia ha comprendido las palabras de Jesús en el sentido de que no se oponen al juramento cuando éste se hace por una causa grave y justa (por ejemplo, ante el tribunal). "El juramento, es decir, la invocación del Nombre de Dios como testigo de la verdad, sólo puede prestarse con verdad, con sensatez y con justicia" (CIC, can. 1199,1).

2155 La santidad del nombre divino exige no recurrir a él para cosas fútiles, y no prestar juramento en circunstancias que pudieran hacerlo interpretar como una aprobación del poder que lo exigiese injustamente. Cuando el juramento es exigido por autoridades civiles ilegítimas, puede ser rechazado. Debe serlo, cuando es impuesto con fines contrarios a la dignidad de las personas o a la comunión de la Iglesia.

4. Aplicaciones prácticas.
En este tema, tratándose de aspectos prácticos de la conducta, todo lo que se expone es de aplicación práctica inmediata. Para ilustrar el aspecto práctico, en Camino hay capítulos específicos de “Fe” y “Amor de Dios”; vid. también la voz “esperanza” del índice analítico.

Camino 575. Algunos pasan por la vida como por un túnel, y no se explican
el esplendor y la seguridad y el calor del sol de la fe.
Camino 576. Con qué infame lucidez arguye Satanás contra nuestra Fe
Católica! Pero, digámosle siempre, sin entrar en discusiones: yo soy hijo
de la Iglesia.
Camino 577. Sientes una fe gigante... -El que te da esa fe, te dará los
medios.
Camino 578. Te lo dice san Pablo, alma de apóstol: "Justus ex fide vivit."
-El justo vive de la fe. -¿Qué haces que dejas que se apague ese fuego?
Camino 579. Fe. -Da pena ver de qué abundante manera la tienen en su boca
muchos cristianos, y con qué poca abundancia la ponen en sus obras. -No
parece sino que es virtud para predicarla, y no para practicarla.
Camino 580. Pide humildemente al Señor que te aumente la fe. -Y luego, con
nuevas luces, juzgarás bien las diferencias entre las sendas del mundo y
tu camino de apóstol.
Camino 581. Con qué humildad y con qué sencillez cuentan los evangelistas
hechos que ponen de manifiesto la fe floja y vacilante de los Apóstoles!
-Para que tú y yo no perdamos la esperanza de llegar a tener la fe
inconmovible y recia que luego tuvieron aquellos primeros.
Camino 582. Qué hermosa es nuestra Fe Católica! -Da solución a todas
nuestras ansiedades, y aquieta el entendimiento y llena de esperanza el
corazón.
Camino 583. No soy "milagrero". -Te dije que me sobran milagros en el
Santo Evangelio para asegurar fuertemente mi fe. -Pero me dan pena esos
cristianos -incluso piadosos, " apostólicos!"- que se sonríen cuando oyen
hablar de caminos extraordinarios, de sucesos sobrenaturales. -Siento
deseos de decirles: sí, ahora hay también milagros: nosotros los haríamos
si tuviéramos fe!
Camino 584. Enciende tu fe. -No es Cristo una figura que pasó. No es un
recuerdo que se pierde en la historia. Vive!: "Jesus Christus heri et
hodie: ipse et in saecula!" -dice San Pablo- Jesucristo ayer y hoy y
siempre!
Camino 585. "Si habueritis fidem, sicut granum sinapis!" - Si tuvierais fe
tan grande como un granito de mostaza!... - Qué promesas encierra esa
exclamación del Maestro!
Camino 586. Dios es el de siempre. -Hombres de fe hacen falta: y se
renovarán los prodigios que leemos en la Santa Escritura. -"Ecce non est
abbreviata manus Domini" - El brazo de Dios, su poder, no se ha
empequeñecido!
Camino 587. No tienen fe. -Pero tienen supersticiones. Risa y verguenza
nos dio aquel poderoso que perdía su tranquilidad al oír una determinada
palabra, de suyo indiferente e inofensiva -que era, para él, de mal
aguero- o al ver girar la silla sobre una pata.
Camino 588. "Omnia possibilia sunt credenti" -Todo es posible para el que
cree. -Son palabras de Cristo. -¿Qué haces, que no le dices con los
apóstoles: "adauge nobis fidem!" - auméntame la fe!?

Camino 417. No hay más amor que el Amor!
Camino 418. El secreto para dar relieve a lo más humilde, y aun a lo más
humillante, es amar.
Camino 419. -Niño. -Enfermo. -Al escribir estas palabras, ¿no sentís la
tentación de ponerlas con mayúscula? Es que, para un alma enamorada, los
niños y los enfermos son El.
Camino 420. Qué poco es una vida, para ofrecerla a Dios!...
Camino 421. Un amigo es un tesoro. -Pues... un Amigo!..., que donde está
tu tesoro allí está tu corazón.
Camino 422. Jesús es tu amigo. -El Amigo. -Con corazón de carne, como el
tuyo. -Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro... Y tanto
como a Lázaro, te quiere a ti.
Camino 423. Dios mío, te amo, pero... enséñame a amar!
Camino 424. Castigar por Amor: este es el secreto para elevar a un plano
sobrenatural la pena impuesta a quienes la merezcan. Por amor de Dios, a
quien se ofende, sirva la pena de expiación: por amor al prójimo por Dios,
sirva la pena, jamás de venganza, sino de medicina saludable.
Camino 425. ¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y... no me he vuelto
loco?
Camino 426. En Cristo tenemos todos los ideales: porque es Rey, es Amor,
es Dios.
Camino 427. Señor: que tenga peso y medida en todo... menos en el Amor.
Camino 428. Si el Amor, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿qué
será el Amor en el cielo?
Camino 429. Todo lo que se hace por Amor adquiere hermosura y se
engrandece.
Camino 430. Jesús, que sea yo el último en todo... y el primero en el
Amor.
Camino 431. No temas a la Justicia de Dios. -Tan admirable y tan amable es
en Dios la Justicia como la Misericordia: las dos son pruebas del Amor.
Camino 432. Considera lo más hermoso y grande de la tierra..., lo que
place al entendimiento y a las otras potencias..., y lo que es recreo de
la carne y de los sentidos... Y el mundo, y los otros mundos, que brillan
en la noche: el Universo entero. -Y eso, junto con todas las locuras del
corazón satisfechas..., nada vale, es nada y menos que nada, al lado de
este Dios mío! - tuyo!- tesoro infinito, margarita preciosísima,
humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde
quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte
ignominiosa... y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía.
Camino 433. Vive de Amor y vencerás siempre -aunque seas vencido- en las
Navas y los Lepantos de tu lucha interior.
Camino 434. Deja que se vierta tu corazón en efusiones de Amor y de
agradecimiento al considerar cómo la gracia de Dios te saca libre cada día
de os lazos que te tiende el enemigo.
Camino 435. "Timor Domini sanctus". -Santo es el temor de Dios. -Temor que
es veneración del hijo para su Padre, nunca temor servil, porque tu
Padre-Dios no es un tirano.
Camino 436. Dolor de Amor. -Porque El es bueno. -Porque es tu Amigo, que
dio por ti su Vida. -Porque todo lo bueno que tienes es suyo. -Porque le
has ofendido tanto... Porque te ha perdonado... El!... a ti!! -Llora, hijo
mío, de dolor de Amor.
Camino 437. Si un hombre hubiera muerto por librarme de la muerte!...
-Murió Dios. Y me quedo indiferente.
Camino 438. Loco! -Ya te vi -te creías solo en la capilla episcopal- poner
en cada cáliz y en cada patena, recién consagrados, un beso: para que se
lo encuentre El, cuando por primera vez "baje" a esos vasos eucarísticos.
Camino 439. No olvides que el Dolor es la piedra de toque del Amor.


Bibliografía

Textos básicos:

- TRESE, Leo, La fe explicada (Ed. Rialp), pag. 240-279.

Libros que requieren cierta formación:

- JUAN PABLO II, Creo en Dios Padre (Ed. Palabra), pag. 95-98.
- BEATO JOSEMARÍA. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, homilías Vida de fe, La esperanza del cristiano y Con la fuerza del amor.
- TRESE, Leo, Puedes volar como las águilas (Ed. Palabra), pag. 41-77.
- LORDA, Juan Luis, Moral. El arte de vivir (Ed. Palabra), pag. 201-220