2/7/07

XVI. Tema - El respeto a la sexualidad humana (sexto y noveno mandamientos)

1. Naturaleza de la sexualidad y la castidad.
2. La castidad conyugal.
3. Aplicaciones prácticas.

1. Naturaleza de la sexualidad y la castidad.
“La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear, y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro” (2332).
2332 La sexualidad afecta a todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y su alma. Concierne particularmente a la afectividad, la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro.

Es una realidad creada por Dios que, para la naturaleza humana, debe vivirse de modo humano: orientándola a la vocación al amor (2331),
2331 "Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen ... Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión" (FC 11).

"Dios creó el hombre a imagen suya...hombre y mujer los creó" (Gn 1,27). "Creced y multiplicaos" (Gn 1,28); "el día en que Dios creó al hombre, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó "Hombre" en el día de su creación" (Gn 5,1-2).


ordenando la dimensión corporal a la espiritual.

“La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La sexualidad (...) se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo total y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer. La virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la integralidad del don” (2337).
2337 La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo entero y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer.

La virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la integralidad del don.


En consecuencia, “la castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado” (2339).
2339 La castidad comporta un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf Si 1,22). "La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados" (GS 17).

“La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual” (2345).
2345 La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto de la obra espiritual (cf Gál 5,22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo (cf 1 Jn 3,3).

Requiere una ascética, que combina los medios humanos –prudencia incluida- y los sobrenaturales (2520),
2520 El Bautismo confiere al que lo recibe la gracia de la purificación de todos los pecados. Pero el bautizado debe seguir luchando contra la concupiscencia de la carne y los apetitos desordenados. Con la gracia de Dios lo consigue

– mediante la virtud y el don de la castidad, pues la castidad permite amar con un corazón recto e indiviso,

– mediante la pureza de intención, que consiste en buscar el fin verdadero del hombre: con un ojo simple el bautizado se afana por encontrar y realizar en todo la voluntad de Dios (cf Rm 12,2; Col 1,10);

– mediante la pureza de la mirada exterior e interior; mediante la disciplina de los sentidos y la imaginación; mediante el rechazo de toda complacencia en los pensamientos impuros que inclinan a apartarse del camino de los mandamientos divinos: "la vista despierta la pasión de los insensatos" (Sb 15,5);

– mediante la oración:

Creía que la continencia dependía de las propias fuerzas, las cuales no sentía en mí; siendo tan necio que no entendía lo que estaba escrito (Sb 8,21): que nadie puede ser continente, si tú no se lo das. Y cierto que tú me lo dieras, si con interior gemido llamase a tus oídos, y con fe sólida arrojase en ti mi cuidado (S. Agustín, conf. 6,11,20).

y supone un esfuerzo que dura toda la vida (2342).
2342 El dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo repetido en todas las edades de la vida (cf Tt 2,1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia.

“Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar” (2333).
2333 Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos.

“La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y la mujer” (2360).
2360 La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer. En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos viene a ser un signo y una garantía de comunión espiritual. Entre bautizados, los vínculos del matrimonio están santificados por el sacramento.

La relación sexual fuera del matrimonio es siempre gravemente desordenada. Fuera del matrimonio, la entrega de sí debe discurrir por vías ajenas a la sexual: viven la castidad en la continencia (2349).
2349 La castidad "debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o celibatarias" (CDF, decl. "Persona humana" 11). Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia.

Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica (S. Ambrosio, vid. 23).


También la deben vivir los novios; a veces resulta costoso, pero “en esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios” (2350, 2391).
2350 Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad
2391 Muchos reclaman hoy una especie de "unión a prueba" cuando existe intención de casarse. Cualquiera que sea la firmeza del propósito de los que se comprometen en relaciones sexuales prematuras, éstas "no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones" (CDF, decl. "Persona humana" 7). La unión carnal sólo es moralmente legítima cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y la mujer. El amor humano no tolera la "prueba". Exige un don total y definitivo de las personas entre sí (cf FC 80).

Hay una múltiple variedad de pecados contra la castidad. El nombre genérico es lujuria: búsqueda desordenada del placer venéreo (2351).
2351 La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión.

Algunos pecados más específicos –todos graves de por sí- son la masturbación (lujuria solitaria) (2352),
2352 Por la masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. "Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado". "El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine". Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de "la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero" (CDF, decl. "Persona humana" 9).

Para emitir un juicio justo sobre la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores síquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral.


la fornicación (unión carnal entre hombre y mujer no casados), la violación (forzar o agredir con violencia la intimidad sexual) (2356),
2356 La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres (cf incesto) o de educadores con los niños que les están confiados.

la prostitución (comercio carnal) (2355)
2355 La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (cf 1 Co 6, 15-20). La prostitución constituye una lacra social. Habitualmente afecta a las mujeres, pero también a los hombres, los niños y los adolescentes (en estos dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo). Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.

y la pornografía (exhibición pública de sexualidad) (2354).
2354 La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico.

La castidad exige también la purificación del corazón, mediante la pureza de intención, la pureza de la mirada exterior e interior (sentidos, imaginación, rechazo de toda complacencia en los pensamientos impuros) (2520).
2520 El Bautismo confiere al que lo recibe la gracia de la purificación de todos los pecados. Pero el bautizado debe seguir luchando contra la concupiscencia de la carne y los apetitos desordenados. Con la gracia de Dios lo consigue

– mediante la virtud y el don de la castidad, pues la castidad permite amar con un corazón recto e indiviso,

– mediante la pureza de intención, que consiste en buscar el fin verdadero del hombre: con un ojo simple el bautizado se afana por encontrar y realizar en todo la voluntad de Dios (cf Rm 12,2; Col 1,10);

– mediante la pureza de la mirada exterior e interior; mediante la disciplina de los sentidos y la imaginación; mediante el rechazo de toda complacencia en los pensamientos impuros que inclinan a apartarse del camino de los mandamientos divinos: "la vista despierta la pasión de los insensatos" (Sb 15,5);

– mediante la oración:

Creía que la continencia dependía de las propias fuerzas, las cuales no sentía en mí; siendo tan necio que no entendía lo que estaba escrito (Sb 8,21): que nadie puede ser continente, si tú no se lo das. Y cierto que tú me lo dieras, si con interior gemido llamase a tus oídos, y con fe sólida arrojase en ti mi cuidado (S. Agustín, conf. 6,11,20).


La pureza exige también el pudor (2521),
2521 La pureza exige el pudor. Este es una parte integrante de la templanza. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa la negativa a mostrar lo que debe permanecer oculto. Está ordenado a la castidad, cuya delicadeza proclama. Ordena las miradas y los gestos según la dignidad de las personas y de su unión

que preserva la intimidad de la persona, al guardar lo que debe permanecer velado (sentimientos, el cuerpo humano…). Es necesaria una purificación del clima social, que evite la permisividad de las costumbres (2525-2526).
2525 La pureza cristiana exige una purificación del clima social. Obliga a los medios de comunicación social a una información cuidadosa del respeto y de la discreción. La pureza de corazón libera del erotismo difuso y aparta de los espectáculos que favorecen el exhibicionismo y la ilusión.

2526 Lo que se llama permisividad de las costumbres se basa en una concepción errónea de la libertad humana; para edificarse, ésta necesita dejarse educar previamente por la ley moral. Conviene pedir a los responsables de la educación que impartan a la juventud una enseñanza respetuosa de la verdad, de las cualidades del corazón y de la dignidad moral y espiritual del hombre.


Hay personas afectadas por la homosexualidad (atracción sexual exclusiva o preferente por personas de su sexo). Es un trastorno, con origen psíquico, de causas complejas y sólo en parte conocidas. Un número apreciable de hombres y mujeres presenta tendencias homosexuales arraigadas. Es una inclinación objetivamente desordenada; y para la mayoría de las personas que lo padecen es una auténtica prueba. Como toda persona, merecen respeto, pero los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados (2357).
2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen síquico permanece ampliamente inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19,1-29; Rm 1,24-27; 1 Co 6,10; 1 Tm 1,10), la Tradición ha declarado siempre que "los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados" (CDF, decl. "Persona humana" 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

No es moralmente admisible que canalicen su afectividad a través de esos actos (2359),
2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante las virtudes de dominio, educadoras de la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

ni intentando una unión con pretendida semejanza a la conyugal.

2. La castidad conyugal.
“Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud” (2362).
2362 "Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud" (GS 49,2). La sexualidad es fuente de alegría y de placer:

El Creador...estableció que en esta función (de generación) los esposos experimentasen un placer y una satisfacción del cuerpo y del espíritu. Por tanto, los esposos no hacen nada malo procurando este placer y gozando de él. Aceptan lo que el Creador les ha destinado. Sin embargo, los esposos deben saber mantenerse en los límites de una justa moderación (Pío XII, discurso 29 Octubre 1951).

En esa unión “se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisión de la vida” (2363).
2363 Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisión de la vida. No se pueden separar estas dos significaciones o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de la pareja ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la familia.

Así, el amor conyugal del hombre y de la mujer queda situado bajo la doble exigencia de la fidelidad y la fecundidad.


No se pueden separar unión conyugal y fecundidad. Si se busca la fecundidad sin unión sexual –por ejemplo, en la llamada fecundación in vitro-, se olvida que “el niño no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto y complemento” (2366):
2366 La fecundidad es un don, un fin del matrimonio, pues el amor conyugal tiende naturalmente a ser fecundo. El niño no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don mutuo, del que es fruto y cumplimiento. Por eso la Iglesia, que "está en favor de la vida" (FC 30), enseña que todo "acto matrimonial, en sí mismo, debe quedar abierto a la transmisión de la vida" (HV 11). "Esta doctrina, muchas veces expuesta por el magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador" (HV 12; cf Pío XI, enc. "Casti connubii").

el hijo se engendra por la donación mutua de dos personas, no se fabrica con el poder de la técnica (2377).
2377 Practicadas dentro de la pareja, estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales homólogas) son quizá menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables. Disocian el acto sexual del acto procreador. El acto fundador de la existencia del hijo ya no es un acto por el que dos personas se dan una a otra, "confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad e igualdad que debe ser común a padres e hijos" (cf CDF, instr. "Donum vitae" 82). "La procreación queda privada de su perfección propia, desde el punto de vista moral, cuando no es querida como el fruto del acto conyugal, es decir, del gesto específico de la unión de los esposos...solamente el respeto de la conexión existente entre los significados del acto conyugal y el respeto de la unidad del ser humano, consiente una procreación conforme con la dignidad de la persona" (CDF, instr. "Donum vitae" 74.76).

Si se busca la unión impidiendo artificialmente su fecundidad, se desnaturaliza la sexualidad, desviándola de su fin, lo que es gravemente desordenado (2370).
2370 La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos (cf HV 16) son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala "toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación" (HV 14):

"Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal". Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos "implica... dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí" (FC 32).


Las familias numerosas son un signo de la bendición divina y de la generosidad de los padres (2372).
2372 El Estado es responsable del bienestar de los ciudadanos. Por eso es legítimo que intervenga para orientar el incremento de la población. Puede hacerlo mediante una información objetiva y respetuosa, pero no mediante una decisión autoritaria y coaccionante. No puede legítimamente suplantar la iniciativa de los esposos, primeros responsables de la procreación y educación de sus hijos (cf HV 23; PP 37). El Estado no está autorizado a favorecer medios de regulación demográfica contrarios a la moral.

Los esposos deben aceptar los hijos que Dios les envía –son un don, no un derecho (2378)-
2378 El hijo no es un derecho sino un don. El "don más excelente del matrimonio" es una persona humana. El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido "derecho al hijo". A este respecto, sólo el hijo posee verdaderos derechos: El de "ser el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres, y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción" (CDF, instr. "Donum vitae" 96).

con responsabilidad. Si hay razones justificadas, los esposos pueden querer espaciar los nacimientos de sus hijos. En este caso, deben cerciorarse de que ese deseo no nace del egoísmo. El carácter moral de esa intención debe determinarse a partir de criterios objetivos, que conservan el sentido de la donación mutua y de la procreación humana; esto es imposible sin un cultivo sincero de la castidad conyugal (2368).
2368 Un aspecto particular de esta responsabilidad concierne a la "regulación de la procreación". Por razones justificadas, los esposos pueden querer espaciar los nacimientos de sus hijos. En este caso, deben cerciorarse de que su deseo no nace del egoísmo, sino que es conforme a la justa generosidad de una paternidad responsable. Por otra parte, ordenarán su comportamiento según los criterios objetivos de la moralidad:

El carácter moral de la conducta, cuando se trata de conciliar el amor conyugal con la transmisión responsable de la vida, no depende sólo de la sincera intención y la apreciación de los motivos, sino que debe determinarse a partir de criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos; criterios que conserven íntegro el sentido de la donación mutua y de la procreación humana en el contexto del amor verdadero; esto es imposible si no se cultiva con sinceridad la virtud de la castidad conyugal (GS 51,3).


En esos casos justificados moralmente, la continencia periódica, o los llamados “métodos naturales de regulación de la fertilidad”, se diferencian moralmente de la anticoncepción artificial; consiguen lo pretendido, mediante la abstinencia en los periodos fértiles, no desnaturalizando el acto. Así, “estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica” (2370).
2370 La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos (cf HV 16) son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala "toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación" (HV 14):

"Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal". Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos "implica... dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí" (FC 32).


El matrimonio exige fidelidad en los cónyuges. “La alianza contraída libremente por los esposos les impone la obligación de mantenerla una e indisoluble” (2364).
2364 El matrimonio constituye una "íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias". Esta comunidad "se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal e irrevocable" (GS 48,1). Los dos se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no son dos, ahora forman una sola carne. La alianza contraída libremente por los esposos les impone la obligación de mantenerla una e indisoluble (cf CIC, can. 1056). "Lo que Dios unió, no lo separe el hombre" (Mc 10,9; cf Mt 19,1-12; 1 Co 7,10-11).

Se opone a ella el divorcio, que “es una ofensa grave a la ley natural” (2384),
2384 El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se haya entonces en situación de adulterio público y permanente:

Si el marido, tras haberse separado de su mujer, se une a otra mujer, es adúltero, porque hace cometer un adulterio a esta mujer; y la mujer que habita con él es adúltera, porque ha atraído a sí al marido de otra (S. Basilio, moral. regla 73).


y por tanto un pecado grave en quien lo promueve. Distinta es la separación con mantenimiento del vínculo, que puede ser legítima por motivos graves en algunos casos previstos (2383).
2383 La separación de los esposos con mantenimiento del vínculo matrimonial puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho canónico (cf CIC, can. 1151-55).

Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral.

También se opone a la ley moral la unión de vida conyugal sin querer contraer vínculo jurídico y público: la unión libre (2390).
2390 Hay unión libre cuando el hombre y la mujer se niegan a dar forma jurídica y pública a una unión que implica la intimidad sexual.

La expresión en sí misma es engañosa: ¿qué puede significar una unión en la que las personas no se comprometen entre sí y testimonian con ello una falta de confianza en el otro, en sí mismo, o en el porvenir?

Esta expresión abarca situaciones distintas: concubinato, rechazo del matrimonio en cuanto tal, incapacidad de unirse mediante compromisos a largo plazo (cf FC 81). Todas estas situaciones ofenden la dignidad del matrimonio; destruyen la idea misma de la familia; debilitan el sentido de la fidelidad. Son contrarias a la ley moral: el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental.


Otro grave atentado es la infidelidad conyugal: el adulterio (2380).
2380 El adulterio. Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cf Mt 5,27-28). El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento proscriben absolutamente el adulterio (cf Mt 5,32; 19,6; Mc 10,11; 1 Co 6,9-10). Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la figura del pecado de idolatría (cf Os 2,7; Jr 5,7; 13,27).

3. Aplicaciones prácticas.
En este tema, tratándose de aspectos prácticos de la conducta, lo que se expone es de aplicación práctica, conforme a la situación concreta de cada uno. Para ilustrar el aspecto práctico, en Camino y Surco hay capítulos específicos (“Santa pureza” y “Pureza” respectivamente):

Camino

118. La santa pureza la da Dios cuando se pide con humildad.

119. ¿Qué hermosa es la santa pureza! Pero no es santa, ni
agradable a Dios, si la separamos de la caridad. La caridad es la semilla
que crecerá y dará frutos sabrosísimos con el riego, que es la pureza. Sin
caridad, la pureza es infecunda, y sus aguas estériles convierten las
almas en un lodazal, en una charca inmunda, de donde salen vaharadas de
soberbia.

120. ¿Pureza? -preguntan. Y se sonríen. -Son los mismos que van al
matrimonio con el cuerpo marchito y el alma desencantada. Os prometo un
libro -si Dios me ayuda- que podrá llevar este título: "Celibato,
Matrimonio y Pureza".

121. Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que
contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es
una bestia. -Y esa cruzada es obra vuestra.

122. Muchos viven como ángeles en medio del mundo. -Tú... ¿por qué
no?

123. Cuando te decidas con firmeza a llevar vida limpia, para ti la
castidad no será carga: será corona triunfal.

124. Me escribías, médico apóstol: "Todos sabemos por experiencia
que podemos ser castos, viviendo vigilantes, frecuentando los Sacramentos
y apagando los primeros chispazos de la pasión sin dejar que tome cuerpo
la hoguera. Y precisamente entre los castos se cuentan los hombres más
íntegros, por todos los aspectos. Y entre los lujuriosos dominan los
tímidos, egoístas, falsarios y crueles, que son características de poca
virilidad".

125. Yo quisiera -me has dicho- que Juan, el adolescente, tuviera
una confidencia conmigo y me diera consejos: y me animase para conseguir
la pureza de mi corazón. Si verdaderamente quieres, díselo: y sentirás
ánimos y tendrás consejo.

126. La gula es la vanguardia de la impureza.

127. No quieras dialogar con la concupiscencia: despréciala.

128. El pudor y la modestia son hermanos pequeños de la pureza.

129. Sin la santa pureza no se puede perseverar en el apostolado.

130. Quítame, Jesús, esa corteza roñosa de podredumbre sensual que
recubre mi corazón, para que sienta y siga con facilidad los toques del
Paráclito en mi alma.


131. Nunca hables, ni para lamentarte, de cosas o sucesos impuros.
-Mira que es materia más pegajosa que la pez. -Cambia de conversación, y,
si no es posible, síguela, hablando de la necesidad y hermosura de la
santa pureza, virtud de hombres que saben lo que vale su alma.

132. No tengas la cobardía de ser "valiente": huye!

133. Los santos no han sido seres deformes; casos para que los
estudie un médico modernista. Fueron, son normales: de carne, como la
tuya. -Y vencieron.

134. Aunque la carne se vista de seda... -Te diré, cuando te vea
vacilar ante la tentación, que oculta su impureza con pretextos de arte,
de ciencia..., de caridad! Te diré, con palabras de un viejo refrán
español: aunque la carne se vista de seda, carne se queda.

135. Si supieras lo que vales!... -Es San Pablo quien te lo dice:
has sido comprado "pretio magno" -a gran precio. Y luego te dice:
"glorificate et portate Deum in corpore vestro" -glorifica a Dios y
llévale en tu cuerpo.

136. Cuando has buscado la compañía de una satisfacción sensual...
qué soledad luego!

137. Y pensar que por una satisfacción de un momento, que dejó en
ti posos de hiel y acíbar, me has perdido "el camino"!

138. "Infelix ego homo!, quis me liberabit de corpore mortis
hujus?" - Pobre de mí!, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? -Así
clama San Pablo. -Anímate: él también luchaba.

139. A la hora de la tentación piensa en el Amor que en el cielo te
aguarda: fomenta la virtud de la esperanza, que no es falta de
generosidad.

140. No te preocupes, pase lo que pase, mientras no consientas.
-Porque sólo la voluntad puede abrir la puerta del corazón e introducir en
él esas execraciones.

141. En tu alma parece que materialmente oyes: " ese prejuicio
religioso!"... -Y después la defensa elocuente de todas las miserias de
nuestra pobre carne caída: " sus derechos!". Cuando esto te suceda di al
enemigo que hay ley natural y ley de Dios, y Dios! -Y también infierno.

142. "Domine!" - Señor!- "si vis, potes me mundare" -si quieres,
puedes curarme. -!Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con
la fe del leprosito cuando te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! -No
tardarás en sentir la respuesta del Maestro: "volo, mundare!" -quiero, sé
limpio!

143. Por defender su pureza San Francisco de Asís se revolcó en la
nieve, San Benito se arrojó a un zarzal, San Bernardo se zambulló en un
estanque helado... -Tú, ¿qué has hecho?

144. La pureza limpísima de toda la vida de Juan le hace fuerte
ante la Cruz. -Los demás apóstoles huyen del Gólgota: él, con la Madre de
Cristo, se queda. -No olvides que la pureza enrecia, viriliza el carácter.

145. Un grupo de jóvenes en noble y alegre camaradería. Se oye una
canción, y después otra y más. Aquel muchacho del bigote moreno sólo oyó
la primera: Corazones partidos yo no los quiero; y si le doy el mío, lo
doy entero. " Qué resistencia a dar mi corazón entero!" -Y la oración
brotó, en cauce manso y ancho.


Surco

831. La castidad - la de cada uno en su estado: soltero, casado, viudo, sacerdote- es una triunfante afirmación del amor.

832. El "milagro" de la pureza tiene como puntos de apoyo la oración y la mortificación.

833. Más peligrosa se demuestra la tentación contra la castidad, cuanto más disimulada viene: por presentarse insidiosamente, engaña mejor.- No transijas, ni siquiera con la excusa de no "parecer raro"!

834. La santa pureza: humildad de la carne! Señor - le pedías- , siete cerrojos para mi corazón. Y te aconsejé que le pidieses siete cerrojos para tu corazón y, también, ochenta años de gravedad para tu juventud...Además, vigila..., porque antes se apaga una centella que un incendio; huye..., porque aquí es una vil cobardía ser "valiente"; no andes con los ojos desparramados..., porque eso no indica ánimo despierto, sino insidia de satanás. Pero toda esta diligencia humana, con la mortificación, el cilicio, la disciplina y el ayuno, qué poco valen sin Ti, Dios mío!

835. Así mató aquel confesor la concupiscencia de un alma delicada, que se acusó de ciertas curiosidades: - " Bah!: instintos de machos y de hembras".

836. En cuanto se admite voluntariamente ese diálogo, la tentación quita la paz del alma, del mismo modo que la impureza consentida destruye la gracia.

837. Ha seguido el camino de la impureza, con todo su cuerpo..., y con toda su alma. - Su fe se ha ido desdibujando..., aunque bien le consta que no es problema de fe.

838. "Usted me dijo que se puede llegar a ser otro" San Agustín, después de mi pasado. No lo dudo, y hoy más que ayer quiero tratar de comprobarlo".Pero has de cortar valientemente y de raíz, como el santo obispo de Hipona.

839. Sí, pide perdón contrito, y haz abundante penitencia por los sucesos impuros de tu vida pasada, pero no quieras recordarlos.

840. Esa conversación... sucia, de cloaca!- No basta con que no la secundes: manifiesta reciamente tu repugnancia!

841. Parece como si el "espíritu" se fuera reduciendo, empequeñeciendo, hasta quedar en un puntito... Y el cuerpo se agranda, se agiganta, hasta dominar. - Para ti escribió San Pablo: "castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo predicado a otros, venga yo a ser reprobado".

842. Qué pena dan los que afirman - por su personal experiencia triste- que no se puede ser casto, viviendo y trabajando en medio del mundo! - Con ese ilógico razonamiento, no deberían molestarse si otros ofenden la memoria de sus padres, de sus hermanos, de su mujer, de su marido.

843. Aquel confesor, un poco rudo, pero experimentado, contuvo los desvaríos de un alma y los redujo al orden, con esta afirmación: "andas ahora por caminos de vacas; luego, ya te conformarás con ir por los de cabras; y luego..., siempre como un animal, que no sabe mirar al cielo".

844. Tú serás... eso, lo que eres: un animalito. - Pero me has de reconocer que otros son enterizos y castos. Ah!, y no te irrites luego, cuando no cuenten contigo o cuando te ignoren: ellos y ellas organizan sus planes humanos con personas que tienen alma y cuerpo..., no con animales.

845. Hay quien trae hijos al mundo para su industria, para su servicio, para su egoísmo... Y no se acuerdan de que son un don maravilloso del Señor, del que tendrán que dar especialísima cuenta.Traer hijos, sólo para continuar la especie, también lo saben hacer - no te me enfades- los animales.

846. Un matrimonio cristiano no puede desear cegar las fuentes de la vida. Porque su amor se funda en el Amor de Cristo, que es entrega y sacrificio... Además, como recordaba Tobías a Sara, los esposos saben que "nosotros somos hijos de santos, y no podemos juntarnos a manera de los gentiles, que no conocen a Dios".

847. Cuando éramos pequeños, nos pegábamos a nuestra madre, al pasar por caminos oscuros o por donde había perros.Ahora, al sentir las tentaciones de la carne, debemos juntarnos estrechamente a Nuestra Madre del Cielo, por medio de su presencia bien cercana y por medio de las jaculatorias. - Ella nos defenderá y nos llevará a la luz.

848. Ni son más hombres, ni son más mujeres, por llevar esa vida desordenada. Se ve que, quienes así razonan, ponen su ideal de persona en las meretrices, en los invertidos, en los degenerados..., en los que tienen el corazón podrido y no podrán entrar en el Reino de los Cielos.

849. Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! - Y aconséjalo a otros.

los puntos más adecuados variarán según el tipo de asistentes, pero en todo caso conviene incluir alguno que trate sobre los medios ascéticos para vivir bien la virtud de la castidad.

Bibliografía

Textos básicos:

- TRESE, Leo, La fe explicada (Ed. Rialp), pag. 299-306.

Libros que requieren cierta formación:

- JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, nn. 28-35 y 79-84.
- SAN JOSEMARÍA. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, homilía Porque verán a Dios.
- LORDA, Juan Luis, Moral. El arte de vivir (Ed. Palabra), pag. 159-180.
- FROSSARD, André, Preguntas sobre Dios (Ed. Rialp), pag. 124-128